Juan

Hacía pocos días que Juan había empezado a entrenar con nosotros y mientras estirábamos, hablábamos  de lo bien que nos sentíamos después de correr, de lo contentos que estábamos por haber elegido este deporte, y de los cambios físicos que habíamos notado desde que empezamos a correr con Suso.

Y entonces, me enseñó orgulloso la foto de su físico de “antes” para demostrarme objetivamente lo que estábamos comentando. Su físico de “después”, a la vista estaba. Pero con el gesto de enseñarme la foto de su “pasado”, me di cuenta de que ante mí tenía a una persona transparente, sencilla y honesta de las que vale la pena escuchar. Juan es el hombre feliz de la fábula aquella, “La camisa del hombre feliz”.

“Había una vez un rey muy enfermo cuyos médicos no encontraban remedio para su cura, hasta que un sabio averiguó lo que le pasaba. El rey, según el sabio, padecía de infelicidad crónica y solo se curaría poniéndose la camisa del hombre feliz. Entonces sus emisarios, buscaron por todo el país,  al hombre más rico, a hombre más sabio, al hombre más fuerte, creyendo que cualquiera de ellos sería también el hombre más feliz, pero todos se declaraban  insatisfechos y desgraciados. Tras buscar infructuosamente por todo el reino, encontraron en una cueva remota a un hombre que no tenía nada, pero que decía ser feliz así y que no ansiaba nada más. Los emisarios del rey se dieron cuenta de que él era el hombre que buscaban y le pidieron, por favor, que les diera su camisa, para poder así curar al rey. Pero el hombre feliz, no tenía camisa. “

Estoy segura de que ese hombre feliz de la fábula es Juan. He llegado a esa conclusión por muchas razones. Seguro que hay muchas personas como él, por esos mundos de Dios que a pesar de las dificultades, salen adelante con mucho trabajo, con la honradez por bandera, que se declaran satisfechas consigo mismas, contentas con  lo mucho o poco que tengan. En nuestro club nosotros tenemos a una persona así, y es Juan.

  • ¿Qué es lo mejor que te ha pasado hoy? – le pregunto así a bocajarro.
  • Hablar por teléfono con mi hija mayor.

Y yo pienso en la suerte que tiene esa hija suya, por tener un padre que es feliz tan sólo por hablar por teléfono con ella. Juan, como el hombre de la fábula, no necesita camisa para ser feliz.

Pero hay más detalles de su vida que lo confirman.

En otra época de las muchas vidas que ya lleva vividas, a Juan le tocó lidiar con problemas graves, de esos que hacen que te cueste empezar el día por la mañana, de esos que hacen, que te cueste conciliar el sueño cada noche… Y todos los dejó atrás como sólo se puede salir de esas telas de araña en las que nos vemos atrapados a veces sin comerlo ni beberlo. Salió de ellos, con sentido común, con mucha modestia, con mucho valor, con generosidad y escuchando a su corazón.

A Juan le gusta una canción del grupo Revolver que se llama Eldorado, que dice:

Vi a mis padres correr en busca de Eldorado,
vi a mis padres luchar, cada uno por su lado.
Lo mejor de sus vidas, dónde se ha quedado.
Quizás yendo detrás del maldito Eldorado.

Juan no quería llegar a mayor y hacerse esa pregunta: “lo mejor de mi vida, ¿Dónde ha quedado?”. Por eso cogió las riendas de su vida y se marchó. Se quedó sin camisa, pero era feliz. No era la primera vez que cortaba  por lo sano. Por el camino, ya había dejado un buen trabajo por su propia voluntad en una buena empresa, y en otra, ocurrió al revés, lo obligaron a dejarlo. Pero el mundo no se acaba por que te despidan. 

Vi a mi padre luchar contra los elementos,
naufragar con su vida contra el muro del tiempo.
No tuvo otra oportunidad.
Y llegaba a casa con las manos cortadas
de montar con las manos armarios de chapa.
No tuvo otra oportunidad,
otra oportunidad.

Los “Revolver” de Juan, le decían que no tenía que amilanarse, y que él sí que tendría otra oportunidad. Tras ser despedido, pasó tan sólo una semana en la Oficina de Empleo. A una persona que se da, que se entrega con las manos abiertas diciendo: “Este soy yo, esto es lo que sé hacer, y yo quiero trabajar”, es imposible que le falte trabajo.


Ahora tiene un empleo en el que él es su propio jefe, en el que se siente libre, reconocido y querido. Como Juan es el hombre feliz que no tiene camisa, no necesita nada más. Su trabajo le gusta. Nadie le pone zancadillas, ni él tiene que pisotear a nadie. No tiene rivales, ni necesita competir para ascender. Y en todo lo que hace, pone lo mejor de sí mismo. Sin saberlo, está haciendo lo que hace un siglo ya  recomendaba Pessoa en uno de sus versos.

Para
ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.

Juan aplica ese lema, el de hacer las cosas bien, a todas las facetas de su vida, sean las que sean: plantar un geranio, hacer una casa, amar a su Lucía ( “la antorcha de su vida” como él la llama ), querer a sus hijos, cuidar a su madre enferma…y correr.

Juan empezó a correr por su cuenta porque se había propuesto hacer alguna vez en su vida, una maratón. Ese era su objetivo tras haber conseguido dejar de fumar, tras haber conseguido con su fuerza de voluntad corriendo en solitario, quitarse los kilos de la infelicidad que él mismo se había ido echando encima.

Corría por su cuenta, entrenando sin criterio, sin pautas, y cuando podía. Esa manera caótica de correr lo único que le procuraba era estar lesionado cada dos por tres, de manera que no progresaba. Un día oyó a Suso, hablar por la radio y acto seguido le llamó por teléfono.

Suso le dejo bien claro el “ABC”, del buen corredor y Juan se puso en sus manos.

En un principio su intención era permanecer en el equipo hasta conseguir su propósito de correr una maratón. Ese primer otoño, por supuesto, Juan aún no estaba preparado para hacerla. Pero durante los meses siguientes siguió entrenando con nosotros, participando en distancias modestas, la 10 k de enero, la 15k de febrero,  la media maratón de Sagunto, y por fin su soñada Primera Maratón, así con mayúsculas.  

Juan tiene muy claro que uno de los momentos más bonitos que revive y saborea una y otra vez por la felicidad que vuelve a experimentar al recordarlo, es cuando coronó el Monte Perdido con sus amigos de juventud, y cuando acabó la Maratón.

Y después de acabar la Gran Carrera, no solo ya no quiso marcharse del equipo, sino que además consiguió que Lucía, y su hija Alicia, también se aficionasen a correr, lo cual es casi imposible de conseguir.

Quiero decir, forzar a otra persona a que corra, convencerla de que lo haga, es como pretender que  un alcohólico o drogodependiente deje de hacerse daño, porque se lo digan los demás. ..

Uno no se pone a correr por que te lo digan los demás.

Uno tiene que querer correr por propio convencimiento. Como en tantas otras facetas de la vida, la experiencia de los otros, no te sirve de nada. Tienes que ser tú mismo, quien llegue al convencimiento de que lo que haces, lo haces porque eres tú quien quiere hacerlo. 

Sin embargo, Juan convenció a sus chicas para que le acompañaran al río a correr con él. Es todo un logro.  

A Juan le debemos la costumbre de saludarnos cuando llegamos al punto de encuentro cada tarde, besándonos. Cada vez que él llegaba, iba besando uno por uno a todos los presentes. Al final ya se ha convertido en un hábito. Y esto, nos gustará más o menos, pero estoy segura que no hay otro grupo de atletismo tan besucón como el nuestro y esto se lo debemos al bueno de Juan,..

Y debe ser el único que tiene un árbol en el río con su nombre. Cada vez que llegamos al “árbol de Juan”, yo me acuerdo de él. Según Juan, hay que bordear el arbolito, nada de hacer eso que está tan  mal visto entre los corredores, lo de “recortar las esquinitas”, para ahorrarse unos metrillos.

Ahora está “atrapado”, en otra de esas etapas por las que tarde o temprano tenemos que pasar todos. La de despedir a quienes nos preceden. Por eso lleva una temporada en el dique seco y no le vemos entrenando.

Pero sabemos que volverá. Nos lo ha prometido.

Por que aunque Juan no necesite ninguna camisa para ser feliz, sabemos que hay una de la que no va a prescindir fácilmente, la nuestra. Esa sí que le hace feliz.

       

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